
Por Armando Pinedo
El Museo Rodin de París siempre me ha parecido un lugar donde la tristeza y la belleza conviven en el más profundo de los silencios. Quizás por eso, sea uno de los edificios más frecuentados por los parisinos, al que acuden para reflexionar y pasear a solas.
En sus cuatro plantas se entremezclan algunas de las obras más emblemáticas del artista con otras firmadas por la que fuera su amante, Camille Claudel, quien se suicidó, tras ser repudiada por el escultor.
Todo ello, unido a la belleza de los jardines que lo rodean, animó a los directivos de Lancôme a elegir este museo como marco para la presentación de la nueva campaña del perfume ‘Trésor’ y a su nueva imagen, la actriz inglesa Kate Winslet, que sustituye a Inés Sastre. La modelo y actriz española seguirá siendo la portavoz de algunos productos de maquillaje y de tratamiento de la firma francesa, pero será Winslet quien ponga voz y rostro a uno de los aromas más vendidos de la marca en todo el mundo.
Cuando Kate Winslet apareció en la escalinata que conduce a la parte trasera del edificio Rodin, las decenas de invitados a la cena ya estaban ubicados en sus mesas, protegidas por una impresionante carpa de cristal. Todos en pie y con un fuerte aplauso, dieron la bienvenida a la nueva embajadora, que llegó con un ajustado vestido negro de corte palabra de honor.
Poco tiene que ver hoy Kate Winslet con aquella protagonista desconocida y regordeta de Titanic, la película que la aupó a la fama junto a Leonardo di Caprio. Con 33 años, hoy es una de las mujeres más respetadas del cine, es más inteligente, mejor actriz y, sobre todo, más humilde.
La nueva campaña, que fue rodada esta primavera en París bajo la dirección del magnífico Peter Lindberg, consiguió emocionar a todos los presentes. Este anuncio será, sin duda, una de las películas comerciales más impactantes del próximo otoño.
Cuando la fiesta llegó a su fin, pude acercarme hasta Lindberg para preguntarle por la experiencia de rodar con Kate Winslet para Lancôme. Le pedí una descripción de la inglesa y me dijo: “Kate es todo lo que significa ser simple y real”. Al abandonar el Museo Rodin, cerca de las doce de la noche, me percaté de la presencia de unos paneles en la entrada, sobre los que los invitados podían escribir su idea de lo que es el amor. En la parte superior de uno de ellos leí: “El amor son mis hijos y mi marido”. Lo firmaba Kate Winslet.
Fuente: Yo Dona